El equipo y el teatro

Yo soy hombre de teatro, aficionado, muy aficionado, bien es cierto.

La primera vez que subí a un escenario, a mi pareja en escena se le olvidó el texto. Yo pensé: ¿y ahora qué hago si yo también soy principiante?

Su mirada era así del tipo espanto. Ah, y el color de su cara, blanco no era, no, era pelín transparente.

A mí no se me ocurrió otra cosa que, ya que conocía su texto, más o menos, convertir sus frases afirmativas en interrogativas, y así, de alguna forma, se lo iba recordando. Al rato, poco rato, menos mal, se desbloqueó. Fenomenal.

Cuando el director distribuye el libreto entre los actores, lo hace de la forma más natural, obviamente: él lo conoce.

Colocas el cuaderno en tus rodillas y, ah, quema un poco. Tienes ganas de leerlo, o no. Te preguntas: ¿Cuánto tiempo saldré a escena? ¿Cuántas veces? ¿Seré capaz de identificarme con mi personaje?

Y entonces, el director dice: venga, vamos a leer el texto en voz alta. La sensación ahora es más de la categoría ansiedad. Tus compañeros empiezan a recitarlo; tú ves que lo hacen muy bien; me va a tocar enseguida, ¡qué miedo! De repente, te toca: lo lees, le das mucha intención, lo exageras un montón porque estás nervioso, normal, hasta que, por fin, te relajas y disfrutas del personaje, del tuyo, con el que vas a convivir muchos meses, incluso años.

La segunda fase son los ensayos. Aquí es donde empiezan a surgir los roces con tus compañeros, no en vano, el escenario es pequeño y tienes que aprender a moverte con facilidad, sin molestar a nadie, respetando su espacio y consiguiendo que los demás respeten el tuyo. Risas, momentos de tensión, de euforia, de respeto, de frustración, de éxito, de fracaso, en fin, momentos de equipo porque aquí es donde comienza a formarse el equipo: el equipo de trabajo.

Lo que nunca debes olvidar es que es muy importante que conozcas a tus compañeros, es vital: él ha venido torcido hoy, ella está muy contenta, quizá demasiado, el otro él, pues, normal, como siempre, a la otra ella le pasa algo, fijo.

Y, por fin, el día del estreno, ese día, no piensas en ti, para nada, tú te sabes el papel, estás seguro de ello. Piensas en el resto del equipo. Tienes que darte cuenta en un tris de cómo están hoy, porque de eso depende en gran medida el éxito de la obra. Esto tiene que salir bien, no hay opción al fracaso. Obviamente, no lo hubo, el estreno fue de teatro: un éxito.

Al fin y al cabo, mis queridos y queridas lectores y lectoras, la vida es puro teatro.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Quiénes SomosContactoAnúnciate